El Otro Enfoque

home

columna

El Otro Enfoque

¿De verdad queremos acabar con la corrupción?

2017-08-23

Pablo Rodríguez Regordosa

Estamos todos de acuerdo cuando afirmo que la corrupción en México es un cáncer que tiene limitado el desarrollo de la sociedad mexicana y el progreso nacional porque implica un costo que vale varios puntos porcentuales del Producto Interno Bruto (PIB).

 

Precisamente por ello es que se ha impulsado el Sistema Nacional Anticorrupción, que casualmente es la hora que no logra completarse en sus nombramientos y por eso sigue siendo inoperante.

 

Sobre el mismo tema de la corrupción, muchos afirman que es un problema coyuntural en el país, es decir, que se manifiesta temporalmente, cuando el gobierno está en manos de unos y en circunstancias particulares. Yo creo que no.

 

Desde mi punto de vista, la corrupción en México es un tema estructural, es decir, que tiene contaminadas todas las estructuras de la sociedad y del gobierno, es decir, no es privativo del sector público.

 

Cuando uno decide estacionarse en un lugar prohibido y le ofrece una lana al vigilante para volverlo cómplice, ¿no es un acto de corrupción?

 

Cuando un grupo de estudiantes le ofrece dinero a un maestro a cambio de que les entregue por adelantado el examen para estudiarlo y poder aprobar la materia, ¿no es un acto de corrupción?

 

Cuando un comerciante altera su báscula para que marque un kilogramo cuando en realidad lo pesado equivale a 950 gramos ¿no es un acto de corrupción?

 

Cuando el propietario de una gasolinera ajusta sus bombas para que despachen litros de menos, ¿no es un acto de corrupción?

 

Cuando un periodista le ofrece a un político no publicar cierta información a cambio de una cierta cantidad de dinero, ¿no es un acto de corrupción?

 

Cuando el comprador de una empresa habla con un proveedor para pedirle una ayuda a cambio de radicarle la orden de compra, ¿no es un acto de corrupción?

 

Cuando un constructor o arquitecto solicita de sus proveedores que le ajusten el valor de las compras en las notas para poder “recuperar algunos gastos” cobrándolos así a su cliente, ¿no es un acto de corrupción?

 

Cuando un empresario se acerca con un funcionario para proponerle un negocio en donde el gobierno es el cliente y le ofrece a cambio una “porción de las ganancias”, ¿no es un acto de corrupción?

 

Ninguno de los ejemplos enlistados anteriormente tiene que ver con algún político corrupto haciendo cosas indebidas, sino con ciudadanos ordinarios en su vida ordinaria. Quizá, amigo lector, te viste reflejado en alguno de los ejemplos. Posiblemente como oferente, posiblemente como víctima, pero nadie podrá decir que nunca ha visto situaciones como las descritas.

 

Por eso hoy me pregunto; ¿de verdad queremos acabar con la corrupción? Para mí, la respuesta es afirmativa, y entiendo que eso implica vivir en coherencia de manera cotidiana: estacionarme donde se debe y caminar lo que resulte, que mis hijos estudien las materias de su curricula para que obtengan buena nota respondiendo las preguntas de los exámenes, entregando lo ofrecido a los clientes en términos de precio, volumen y valor y viviendo de manera ordenada.

 

Lo triste es ver que hay sectores de la sociedad que vociferan contra la corrupción por un lado y reclaman los privilegios derivados de la corrupción por el otro.

 

Los veo, pero ni los entiendo, ni comparto su dinámica.

 

Estoy convencido que el combate a la corrupción hay que emprenderlo en serio, con todo y entre todos.

 

Urge hacerlo, por el bien de México y el futuro de nuestros hijos.